El maestro Larson ha perdido la emoción por enseñar. Sólo cumple con lo mínimo indispensable hasta que Cara Landry, su alumna recién llegada, publica una nota editorial en la gaceta que dirige y denuncia no haber tenido un peor maestro que Larson. Esto detona un interesante debate sobre la censura y la libertad de prensa.
Esta estimulante historia incentiva el ejercicio de hablar con la verdad y la importancia de decirla sin dañar a los demás.